miércoles, 8 de marzo de 2017

Hambre en el mundo | Observatorio de Bioética, UCV

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Hambre en el mundo

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Hambre en el mundo
07 marzo
12:232017
El escándalo del hambre es un mal persistente, un problema no resuelto
Se ha hablado mucho de este tema y no sin razón. La persistencia del hambre a nivel mundial, constituye un escándalo, un problema no resuelto. Sin alimento, el hombre no puede físicamente subsistir. El fin de su tiempo, de su biología y su biografía, estaría directamente delineado por esa ausencia, esa corrosiva carencia. Por tanto, desde el principio se ve claro que el hambre en la persona humana es un mal. A pleno título, es ausencia de un bien debido. Ya en 1995 la FAO aseguraba en Necesidades y recursos. Geografía de la agricultura y la alimentación, que el planeta estaba en condiciones de asegurar a cada persona de este mundo la ración de alimentos que necesita. El hecho de que aún estemos tratando este tema es signo de que el escándalo del hambre es un mal persistente.
El hambre no es una enfermedad infecciosa, pero acaba con la vida de tantos niños como en otros siglos la peste negra. La malnutrición es directamente responsable de la muerte de alrededor de siete millones de niños en el mundo. De ellos, el 55% – de menos de cinco años de edad- mueren en los países subdesarrollados. Y pensar que para remediar este flagelo no hace falta ninguna vacuna…
Es posible estar malnutrido sin tener hambre. El organismo no deja por esto de perder sus potencialidades físicas, intelectuales y sociales. La malnutrición puede ser cualitativa debido a una dieta mal equilibrada, sea por exceso o por defecto. Con frecuencia, es cuantitativa y llega a ser aguda en tiempos de carestía. Se da aquí la subalimentación.
Y lo peor es que un niño desnutrido es blanco directo de enfermedades. Desnutrición y enfermedad conforman una relación sinérgica: se alimentan una a la otra. En el mundo entero, los niños que hacen de la calle su hogar, suman más 100 millones. ¿Por qué la calle tiene tantos hijos si no es madre?
¿Por qué la Iglesia se preocupa tanto de este tema? Porque nada de lo humano le es ajeno (GS nº 1). Porque donde el hombre sufre injustamente, Dios sufre con él. Jesús es el buen samaritano que carga en sus hombros el dolor del mundo, para redimirlo y para curarlo. La Iglesia se hace eco de la pregunta que Dios dirige a Caín cuando le pide cuentas de la vida del justo Abel: “Qué has hecho de tu hermano?” (Gn 4, 10). Los Pastores no dan recetas técnicas, pero sí luces y energías, orientaciones y pautas seguras para la solución de problemas humanos que urgen. Cada cuatro minutos alguien pierde la vista por falta de vitamina A …
Desde 1980, la producción alimenticia en el mundo se ha triplicado. Hay alimentos para todos, y sin embargo no todas las mesas están servidas.
1) Situación actual del problema
Los tiempos actuales presentan una leve tendencia superadora respecto a dos décadas atrás. Casi 100 millones de personas han logrado salir de este mal. Aún así, alrededor de 795 millones de personas en el mundo no tienen suficientes alimentos para llevar una vida saludable y activa. Eso es casi uno de cada nueve personas.
Malnutrition-in-India-GettyImages-584820932La gran mayoría de personas que padecen hambre en el mundo viven en países en vías de desarrollo, donde el 12.9% de la población presenta desnutrición.
Asia es el continente con la mayor cantidad de personas del mundo que padecen hambre – dos tercios del total. El porcentaje en el sur de Asia se ha reducido en los últimos años, pero en Asia occidental ha aumentado ligeramente.
África subsahariana es la región con mayor prevalencia (porcentaje de la población) con hambre. Una persona de cada cuatro presenta desnutrición.
La nutrición deficiente es la causa de casi la mitad (45%) de las muertes en niños menores de cinco; significan 3 millones de niños cada año.
Uno de cada seis niños – aproximadamente 100 millones – en los países en desarrollo presentan peso inferior al normal.
Uno de cada cuatro de los niños del mundo padecen de retraso en el crecimiento. En los países en desarrollo la proporción puede elevarse a uno de cada tres .
Si las mujeres agricultoras tuvieran el mismo acceso que los hombres a los recursos, el número de personas con hambre del mundo podría reducirse hasta en 150 millones.
Existen 66 millones de niños en edad escolar primaria asisten a clases con hambre en los países en desarrollo. Sólo en África hay 23 millones. En la historia, ninguna epidemia ha terminado con la vida de más de 200.000 personas por semana como continúa a hacer el hambre aún hoy.
El Programa Mundial Alimentario estima que se necesitan alrededor de US$3,2 mil millones por año para llegar a todos los 66 millones de niños con hambre en edad escolar.
2) Causas del Hambre
Se pueden distinguir las de tipo económico: el hambre nace de la pobreza, de la no disponibilidad adquisitiva. Población pobre, población subalimentada. Basta decir que una persona nacida en el mundo rico consumirá treinta veces más que otra nacida en el mundo pobre, y mientras que “en España hay 280 médicos por cada 10.000 habitantes, en Níger, Etiopía y Rwanda no hay más que 3”( Comisión Episcopal de Pastoral Social de España, La Iglesia y los pobres, Madrid, 1994, nº 5).
Otro tipo de causa es la política: privar de alimento ha sido usado ayer como hoy, como arma política y militar. Basta recordar la privación sistemática de alimentos a los campesinos ucranios, realizada por José Stalin hacia 1930, y cuyo funesto resultado fueron unos 8 millones de muertos. Ese crimen fue confirmado hace unos años, con ocasión de la apertura de los archivos del Kremlin. Otro ejemplo es el asedio en Bosnia, de los 90, en particular el de Sarajevo, tomando como rehén el mecanismo mismo de la ayuda humanitaria. La privación de alimentos se usó en Biafra en 1970, como arma contra la secesión política. Tampoco podemos olvidar los bloqueos de Irak –donde en verdad, las “armas de destrucción masiva” no eran otras sino el bloqueo mismo – y el de Cuba, tema éste pronto a su fin.
Pertinente a estas causas, hay políticas agrarias que no favorecen la tenencia de tierras, lo que provocaría un aumento de superficie cultivada. Los Gobiernos han de ayudar al financiamiento agrícola con préstamos blandos, con donación de tierras fiscales, con asistencia técnica gratuita.
Las causas socio-culturales aún hoy influyen: los tabúes alimentarios asiáticos, la situación social y familiar de la mujer, la falta de formación en las técnicas de nutrición, el analfabetismo, y la misma precariedad del empleo, son rutas de acceso a la desnutrición y por ende, a la difusión de enfermedades. Los trastornos alimentarios como la anorexia y la bulimia, más bien de naturaleza psíquica, llevan a la desnutrición.
¿Es el crecimiento demográfico veloz – seremos en el 2020 unos 8 mil millones de personas- causa o consecuencia del subdesarrollo? Dejando de lado los casos extremos, la densidad demográfica no explica el hambre. Comparemos los deltas y valles superpoblados de Asia, donde se aplicaron las innovaciones agrícolas de la “revolución verde”; por otro lado, países pocos poblados como el Congo o Zambia, podrían dar alimentos a una población 20 veces más numerosa, y sin embargo, hay en ellos escasez alimentaria. Los motivos son los desequilibrios impuestos por los Estados, las políticas, las luchas triviales y la gestión económica.
Pero la principal de las causas es de orden moral: los frenos para el desarrollo son en buena medida, el adorar los ídolos del dinero y del poder. La codicia y la vanidad, el consumismo agobiante, ciega al que cae en ellos, y no permiten descubrir el rostro del necesitado. El consumismo como estilo de vida, no conduce a la alegría y cierra el corazón a la solidaridad.
3) ¿Qué hacemos? Hambre Cero como ideal
“Alimenta al que muere de hambre, porque si no lo alimentas, lo matas” (GS nº 69). Para arribar al “hambre cero” como ideal, se necesita de la acción concertada de todos. La prosecución del bien común, es el punto de convergencia de varios factores, que enunciamos.
a) Globalizar la solidaridad. La búsqueda de la mayor eficiencia en la gestión de los bienes y servicios en clave de solidaridad global. “La paz es el fruto de la solidaridad” (Juan Pablo II, Sollicitudo Rei Socialis nº 39). Comienza en el corazón de cada uno. Genera hábitos. El Consumismo si llevado al extremo, puede ser empobrecedor, generador de insatisfacción permanente y generador de “lugares” (mall, shoppings, etc) y “no lugares” (destinados a residentes irrelevantes temporarios, espacios sin personalidad ni pertenencia, en los que se desalienta la permanencia fija: pensiones, galpones, asilos, terminales de transportes, autopistas, villas, etc).
El consumista se olvida del pobre. Para los cristianos esto es a contramano: “Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt 25, 40).
b) Una mayor aplicación de la justicia social, exigida por el destino universal de los bienes creados. “Sobre toda propiedad privada, graba una hipoteca social” solía repetir el Papa polaco. Hay que favorecer inversiones productivas en países necesitados, asegurando así el acceso a una alimentación sana, nutritiva y suficiente. Z. Bauman dice que “el capital se queda si ve que puede irse cuando quiera” . Pero ese juego financiero es perjudicial para el trabajo estable.
c) Reconocimiento de los pobres a la construcción de la democracia: “Será necesario abandonar una mentalidad que considera a los pobres –personas y pueblos- como un fardo o como molestos inoportunos, ávidos de consumir lo que otros han producido” ( Juan Pablo II, Centesimus Annus n º 28). El hambre es a la vez efecto y causa de la pobreza.
d) Combatir las “estructuras de pecado”, por ejemplo el narcotráfico, la venta ilegal de armas, la trata de personas, el uso de niños para las guerras, etc. Una forma de “medir” nuestra actitud de ser justos es involucrarse activamente en las causas justas.
e) Cuidado del Medio Ambiente: no se puede pretender –a la vez- alimentar más bocas y debilitar la agricultura. En 50 años, la mitad de los bosques tropicales han sido arrasados. El planteo ecológico es un planteo social. “Porque hay una verdadera `deuda ecológica´, pimagearticularmente entre el Norte y el Sur, relacionada con desequilibrios comerciales con consecuencias en el ámbito ecológico… Las exportaciones de algunas materias primas para satisfacer los mercados en el Norte industrializado han producido daños locales, como la contaminación con mercurio en la minería del oro o con dióxido de azufre en la del cobre… El calentamiento originado por el enorme consumo de algunos países ricos tiene repercusiones en los lugares más pobres de la tierra, especialmente en África, donde el aumento de la temperatura unido a la sequía hace estrago…” (Francisco, Laudato SI´ nº 51.) Aún existen casi mil millones de personas con dificultad en el acceso al agua potable, derecho básico innegable. El consumo de agua contaminada empeora los alimentos y causa enfermedades como el cólera y la diarrea. No olvidemos que la pobreza es rural: ¾ partes de los pobres viven en zonas rurales.
Urge el “cuidado de la casa común”, pues es el único habitat de las personas. Hay que mencionar que algunos pasos se están dando en las empresas por ejemplo, en donde los proyectos industriales hoy se llevan a cabo con responsabilidad ecológica y licencia jurídica y social. Pero dicha responsabilidad social empresaria aún no alcanza su punto de madurez.
f) La calidad institucional democrática fortalece la tarea. Una democracia se juzga por la articulación que sabe encontrar entre libertad y solidaridad, gestión privada y políticas de estado. Una mala calidad institucional (regímenes totalitarios) se traduce luego en menor calidad de vida para los ciudadanos. La austeridad en el gasto público, la administración responsable, la inversión de ingresos a la tecnología de alimentos, la financiación internacional, son –entre otras- políticas estables que aseguran la eficacia en la lucha contra el hambre.
g) Otro recurso para mejorar la situación es la difusión del microcrédito, una práctica iniciada por ejemplo en Bangladesh por la Graamen Bank. Con pequeños créditos, se da lugar a los microemprendimientos agrícolas cooperativos. Muchos campesinos pueden así, con la asistencia técnica de los Estados, iniciar una actividad autónoma productiva. En este contexto, la propuesta de un nuevo “Plan Marshall” para erradicar del mundo la pobreza y el hambre, parece un itinerario posible que han de recorrer los Países en una sinergia de políticas estables.
Resultan aún hoy aleccionadoras las palabras de Michel Schooyans (Los riesgos éticos… p. 41) acerca de la “revolución verde” en la India. Gracias al Ing. Norman Borlaug – Premio Nobel de la Paz 1970- la India recorre hoy un camino de progreso alimentario. Presenta aún un 21 % de pobreza y malnutrición, pero algunos estados ya son exportadores de cereales.
h) Promover Organismos eficaces, sin mayores costos de estructura, como lo hace Caritas Internacional, la obra de la Madre Teresa de Calcuta, la FAO, Cruz Roja y tantas otras, que ofrecen estímulos y ayudas concretas para el hambre. Excluídos y refugiados esperan el pan vivo de la solidaridad.
Reflexiones Finales
Si al cambio cultural, si al pasar de una cultura del lamento a una cultura del trabajo y la producción, le sumamos el apoyo subsidiario de los Estados en orden a la biotecnología, y a ello la rectitud del obrar político capaz de rechazar toda forma de corrupción, entonces sí hay motivos para creer en que en poco tiempo, el escándalo del hambre en el mundo pueda ser erradicado. El objetivo de las Naciones Unidas “Hambre cero” puede ser alcanzado, con actitudes firmes y perseverantes
En la Comunidad Internacional hay mayor conciencia que existen muchos hermanos necesitados que esperan ayuda, muchos oprimidos que esperan justicia, muchos desocupados que esperan trabajo, muchos pueblos que esperan respeto. Por lo que hemos de advertir que al panorama de la pobreza puede extenderse indefinidamente, si a las antiguas añadimos las nuevas pobrezas, que afectan a menudo a ambientes y grupos humanos no carentes de recursos económicos, pero expuestos a la desesperación del sin sentido, a la insidia de la droga, al abandono de las personas en la edad avanzada (“cultura del descarte” la llama el papa Francisco) o en la enfermedad, a la marginación o a la discriminación social.
Al inicio de este milenio, este escándalo del hambre provocó la conciencia de las Naciones Unidas y llevó a la formulación de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Se evidenció allí también que existe también otro tipo de pobreza en acto, la pobreza espiritual, (una pobreza de mente y espíritu, una pobreza de valores, de consistencia y compromiso, de sinceridad y de buena voluntad) que está estrechamente relacionada a la persistencia de la pobreza material. Lo anterior ha llevado frecuentemente al mundo a procurar la solución de la pobreza material a través de medidas anti-vida: eliminando los recursos que antes se habían invertido en el desarrollo de la creatividad contra la pobreza, favoreciendo a los pobres en ser protagonistas de la superación de su situación, y lograr que ellos conozcan más, para que tengan más en orden a que sean más, a través de los indispensables accesos a la educación y a la salud, y a la plena satisfacción de las necesidades humanas fundamentales.
La solidaridad intergeneracional, ha de acompañar necesariamente los proyectos para un desarrollo humano integral, por lo que las decisiones del presente no pueden ignorar los derechos de las generaciones sucesivas.
Esta solidaridad no se puede confinar en manos de instituciones que la burocratizan y terminan por consumir los recursos que estarían destinados a los pobres. P. Ricoeur dice: “me detengo en el momento en el que ni recorrido me conduce a mi punto de partida: el ethos de la persona acompañado por la terna: estima de sí, solicitud por el otro, deseo de vivir en instituciones justas” (Amor y Justicia, 115).
La solidaridad es la capacidad de decir “nosotros” e implicarnos mutuamente en un mundo que reclama una civilización nueva. Es corregir asimetrías vergonzantes y procurar igualdad de oportunidades. Solidaridad es el nuevo nombre de la paz y del Bien Común.
Bibliografía
Di MENNA, R., “Fame nel Mondo”, Enciclopedia di Bioetica e Sessuologia ( a cura di G. RUSSO ), Editrice ELLEDICI – LEUMANN, Torino, 2004, 865- 868.
CAPARRÓS, M., El hambre, Anagrama, Barcelona, 2014.
FAO, Programa Mundial de Alimentos, Roma, 2016. www.wfp.org/es
FRANCISCO, Carta Encíclica Laudato SI´, Casa Editrice Vaticana, Roma, 2015.
MORATINOS, M. A., La lucha contra el hambre, Ed. Turpial, Madrid, 2016.
RICOEUR, P., Amor y Justicia, Ed. Caparrós, Madrid, 2000.
SCHOOYANS, Los riesgos éticos de la globalización, Madrid, 2003.
VERNON, J., El hambre. Una historia moderna, Ed. Univ. de Valencia, 2011.
José Juan García




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